Un gráfico de Pareto clasifica las causas según su contribución y las representa en orden descendente, por lo general con una línea acumulativa. Se basa en la observación de que una pequeña parte de las causas genera la mayor parte de un efecto —a menudo citado como 80/20, aunque la proporción real varía y no importa.
Lo que resuelve es por dónde empezar. Ante veinte problemas y capacidad para tres, el gráfico convierte una discusión sobre prioridades en una aritmética. Ese es el grueso de su valor: no la perspectiva, sino el fin del debate.
La elección de la unidad decide la respuesta. Clasificar los defectos por recuento y clasificarlos por coste suele producir órdenes diferentes, y la categoría frecuente pero barata es una forma clásica de pasar un año resolviendo el problema equivocado. Clasifíquelos según lo que realmente le importe a la organización.
El otro fallo es tratar la cola larga como ruido. Un gráfico de Pareto refleja el período del que se extrajo; una categoría pequeña que está creciendo no parecerá importante y será la primera barra del próximo gráfico.